jueves, 14 de abril de 2011

Legal, ilegal, digital


Hoy empezó la conferencia « Re :publica 11» en Berlín sobre nuevas formas de comunicación gracias a internet, medios sociales y la sociedad digital. Ya es la quinta vez que se organiza el evento, que se elogia espejo y foro de la esta nueva sociedad, abarcando temas desde arte, medios y cultura hasta política y tecnología.
Uno de los grandes tópicos este año serán los derechos de autor. La razón: El desarrollo tecnológico causó un dilema digital. Ahora un libro, que antes solo se podía prestar en una biblioteca, si es que había una cerca, es fácilmente accesible en internet, independientemente del tiempo, del lugar y de la cantidad de personas. Esto, que para lectores y la sociedad resulta ser una gran ventaja y comodidad, tiene su lado negativo.  Autores, productores, editoriales se ven confrontados con que su producto se ofrece gratuitamente en la red. ¿A partir de ahora solo se necesitará un ejemplar de cada libro, canción o película? ¿Quién pagará para producciones futuras?
Obviamente la digitalización dificulta la imposición de los derechos de autor. ¿Pero es un deber del Estado mantener un modelo de negocio aunque el mundo cambia? No hay derecho a beneficios y tampoco parece justo que se violen derechos humanos por un control y una observación de lo que se hace en la red. Parece como un laberinto: ¿Cómo hacer posible que los creadores ganen dinero para obras, que el público ama, pero sin acusar a toda una generación de usuarios y sin destruir y frenar las posibilidades de la digitalización? Una tarifa plana de la cultura, dice uno. Comunismo digital, contesta el otro. La única solución, la respuesta.
¿Malos tiempos? Tiempos en todo caso, en los que hay que discutir sobre cosas consolidadas. Porque cada laberinto tiene una salida. O diciéndolo con otra metáfora: Lo difícil en el salto de lo viejo hacia lo nuevo es el tiempo en el aire sin tener donde agarrarse, sin saber bien donde aterrizar.
 ¡Ese proceso de transformación es una razón más que suficiente, que alrededor de 3000 personas dedican tres días a reflexionar sobre ello!

Fuentes :

miércoles, 13 de abril de 2011

¿Y la nueva generacíon?

La sociedad está cambiando.
El mundo se está digitalizando.
La cultura se está transformando.
El libro está desapareciendo.
Estamos presenciando una crisis.
A nosotros observar el proceso de cambio, el surgimiento de nuevas tecnologías y su incorporación en la vida diaria como la búsqueda de nuevas formas de instalarse en el mundo nos pueden parecer problemáticos y difíciles. Pero muchas veces nos olvidamos de tener en cuenta otros puntos de vista. Así, la preocupación de una adaptación de la educación a este nuevo mundo transformado se nos olvida fácilmente, aunque es imprescindible y decisivo.
La nueva generación es la primera que ya crece en un mundo digital, así que los nuevos medios no serán nuevos para ellos, sino algo normal.
La educación por lo tanto no necesitará enfocarse en una adaptación a algo desconocido, sino dar unas reglas y proponer líneas de actuación para un uso adecuado y útil de las tecnologías digitales. Obviamente tampoco hará sentido tratar de defender lo tan estimado viejo al que estamos acostumbrados, como para los niños ya empieza a formar parte de la historia.
El reto se encuentra en la enseñanza, tanto en la manera como en el contenido. Como nuestro mundo se innova continuamente, es muy difícil estar al tanto de todos los sucesos. Además, para nosotros lo que es lo más natural para los niños contiene un proceso de aprendizaje. A veces también hay que admitir entonces, que la nueva generación nos puede enseñar cosas, y si solo sea demostrarnos que no hay que acercarse a lo nuevo con miedo y desconfianza sino con interés y compromiso.
El aquí desarrollado razonamiento de complicaciones en un mundo cambiante, es totalmente aplicable a la aparición de libros digitales, la cual conlleva una transformación de la manera de escribir y de leer. Esta nueva forma de comunicarse tendrá que estar reflejado en las aulas, siempre presentando todo un abanico de posibilidades.  Por lo menos ahora en la fase de transición será necesario demostrar las alternativas existentes, tanto lectura y escritura tradicional como su componente digital, ya que esta generación de alumnos tendrá el poder de decidir el rumbo de la evolución y el grado de relevancia que obtendrá cada uno de sus aspectos.

martes, 12 de abril de 2011

Crisis museística

Si hablamos de un cambio de la sociedad hacia lo digital, este también se tendrá que reflejar en la cultura, y ¿qué más puede figurar como encarnación de la cultura que los museos? Los museos que desde hace siglos son el sitio donde se colecciona, conserva y exhibe la cultura, donde se transmite el conocimiento acumulado del pasado.[1] También estas entidades tendrán que enfrentarse con la nueva cultura digital, con la divulgación del conocimiento por un soporte diferente, con otro lenguaje y con otro grado de intervención, comunicación e interrelación. En lo que era la catedral de la cultura tendrán que tener paso fenómenos contemporáneos como la tecnología, que conectará los dos mundos, el pasado con el futuro, como también se tendrá que tener en cuenta algo tan profano como la educación, para verdaderamente poder conseguir la transmisión de conocimiento, que viene siendo el objetivo principal de un museo.
La educación tiene mucho que ver con el sistema de paidocracia en el que dominan los jóvenes o en todo caso el “valor joven”. Esta idea de un infantilismo progresivo, de que todo tiene que ser lúdico y divertido, sin necesidad de reflexionar y pensar, con el enfoque en ganar y ser el primero o el mejor en todo, para el ámbito de los museos se tiene que adaptar y combinar con lo que quiere conseguir la institución y así encontrar un punto intermedio. La visita a un museo no tiene que ser pura diversión, pero tampoco algo que esté reservado a los intelectuales, porque no se explica nada a quien no entienda. El cambio, más bien la crisis de la cultura en nuestra sociedad de innovación se basará en que los museos se bajen de su escalón y se mezclen con la gente, que intenten estar abiertos para todos – independientemente de la edad, la clase social o sus condiciones físicas – y sobre todo llegar a ser entendidos por todos…. O sea: ¡socializarse y comunicarse¡[2]
Una entrada de la tecnología en el mundo museístico se notará por un lado en la manera de la transmisión del conocimiento, es decir en la integración de medios y soportes digitales dentro de las salas y exposiciones. Por otro lado – y más decisivo – es su influencia en la comunicación, tanto en el lenguaje como en su transformación en un proceso bidireccional, en aceptar un feedback y una opinión de los visitantes.
El concepto de crisis con su necesidad de desprenderse de lo viejo, tradicional y acostumbrado para dar el paso hacia algo nuevo, transformado, asumiendo el riesgo de no poder determinar el rumbo exacto, también es válido en el ámbito de los museos. También ellos tendrán que utilizar su imaginación para percibir el cambio y al mismo tiempo prepararse para recibirlo adecuadamente. Así contestarán al grito para una transformación, para el encuentro de una nueva forma de instalarse en un nuevo mundo.
O, para decirlo no tan drástico: “Es lógico suponer que el museo seguirá evolucionando, como la sociedad, ya que se trata de una creación humana y, como tal, está sujeta a cambios.”[3]




[1] En La difusión cultural en el museo: servicios destinados al gran público (1999, ediciones TREA, Gijón) María del Carmen Valdés Sagüés habla de museos como “almacenes de conocimientos” (p.41).
[2] Según María del Carmen Valdés Sagüés en su obra citada, pp. 35-41.
[3] Véase p. 41 de la misma obra.

lunes, 11 de abril de 2011

VIRTUAL - VIRTUOSO

Me gusta mucho la idea de cultura como espacio virtual, que está liberado de las leyes del tiempo, que aporta poderes y estados de bienestar (o de sufrimiento) que sin esa intervención no serían alcanzables.
Si  la cultura se considera un espacio virtual, habrá que analizar el concepto de especularidad que se adapta a estos espacios. La cultura no refleja el mundo natural tal y como está, sino refleja lo el que hombre considera importante, adecuado, necesario para llegar a un objetivo determinado o para conseguir una reacción determinada. El hombre creador interviene mucho en el reflejo, y esta vez no cambiándose a si mismo sino solamente transformando lo que está reflejado. Obviamente existe una interrelación entre los dos mundos, el “real” y el “creado”, pero aun así solo se puede hablar en una dimensión restringida de especularidad. A lo mejor se puede observar la transformación que consigue el creador de cultura con el reflejo de su obra en el mundo real en los perceptores de esa obra, de una manera que se crea una relación de forma triangular. Siguiendo con la metáfora, el espejo en este caso sería más bien un vidrio que refleja el rayo de luz emitido por el “creador” según el ángulo a otro punto que serían los receptores, los consumidores de la cultura.
Entendiendo cultura como algo artificial, que fue creado e inventado por el hombre, se puede afirmar también la idea de la difuminación entro lo natural y lo artificial. La cultura cada vez más se percibe como algo natural, como algo de gran valor, que es importante y forma una parte imprescindible de nuestras vidas. Por supuesto depende del grado de abstracción y de intervención del hombre, así que por ejemplo obras de arte contemporáneos se consideran probablemente más artificiales que la lectura de una novela. Pero en general se puede notar esa tendencia difuminadora.
También la característica de ubicüidad de lo virtual se empieza a adaptar más y más en el ámbito de la cultura. La presencia de acciones y expresiones culturales aparece hoy en día en casi todos los aspectos de la vida diaria, y con su entrada en el mundo digital se aumenta ese fenómeno.  El carácter de pirámide, de la idea de que cultura solo es algo para los cultos e intelectuales, desaparece continuamente, convirtiéndose la cultura en una red en la que pueden participar todos, en la que ya no existe ese alejamiento de una parte de la sociedad. Un ejemplo muy bueno sería el crowdfunding, que actualmente se usa mucho, una manera de apoyar lo que uno considera interesante, útil o puramente divertido según las posibilidades de cada uno. Así, en esa red pueden intervenir todos. (Habrá que tener en cuenta que esa supuesta igualdad tampoco es tan perfecta, que el poder y las diferencias se transformarán también y aparecerán de otra manera.)
En todo caso hay que estar atento y vivir los cambios y las transformaciones conscientemente, interviniendo en la creación de ese nuevo mundo virtual y no dejándolo crecer según sus propias reglas.